Ardor.

Supongo que tiene que pasar. Me arde la cabeza.

Días en los que te sientes omnipotente, omnipresente.

Posiblemente no sea talento, sea un estado analgésico que surge como reacción al dolor.

Días en los que el vaso no está lleno ni vacío. Está desbordado.

Desarrollas la capacidad de amar, las ganas. El poder. Quieres a tus amigos. Te arde la cabeza.

Autocontrol. Necesito autocontrol para que me pare de arder la cabeza.

 

 

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Seremos una gran familia

 

–          Y seremos una gran familia– Gritó el tipo de la conferencia.

La conferencia ha resultado repugnante. Malditos trabajos-estafa. El hombre tenía realmente pinta de cretino. De estos que van contraje de vendedor de inmobiliarias y con olor a sudor. Me he tenido que levantar a mitad de ella y salirme, porque estaba a punto de vomitar de la vergüenza ajena.

Salí a la calle a fumarme un cigarro. Esas palabras todavía resonaban en mi cabeza. Seremos una gran familia. Esa frase, curiosamente me la soltó también un conocido artista hace un par de semanas. Me hizo sentir bien. Suelo ir a verle, todos los domingos. A escuchar lo mismo y reírme de lo mismo. Porque quizás es lo poco que me hace recordar que soy humana.

Empecé a ir sola, o con una amiga, no me acuerdo muy bien. Creo que se piensa que soy una groupie. En realidad no me gusta. Me gustó en su momento y nos acostamos. Ya sabes, sexo sin compromiso, frio y aburrido. Me decía un conocido que para dejar de gustarte una persona hay  que dejar de pensar que es guapa.

Yo quiero hacerlo contigo.

Miro el móvil por cuarta vez. Sigo todavía esperando a quedar contigo. No creo que quieras, y yo tampoco sé si quiero. No sé, necesito compañía, pero cada vez me hace menos falta.

Quizás he superado esa sensación de sentirme sola. No creas que soy asocial, tengo mis amigos y salimos a beber. Soy una chica joven. Puedo seguir haciendo más amigos.

Mis amigos me quieren a su manera. Son mis amigos del barrio, de la carrera, los de toda la vida. Últimamente me dicen que he cambiado, que he mutado a algo un poco oscuro.

Pero sí que me he sentido sola. Tengo un agujero negro en el estómago y cada vez que viene esa sombra se me hace un poco más grande.

Estamos hablando de una sombra metafórica, que hay que explicarlo todo. Me estoy imaginando una conversación contigo. No pienses que soy una loca, por favor.

Me estoy imaginando que estamos en el bar de enfrente, tomándonos algo. Es un bar feo, pero nosotros lo podríamos hacer bonito. Nos proponemos proyectos de futuro, me coges de la mano, me miras a los ojos y me besas.

Y al día siguiente me llamas. Y me dices que me quieres. Y te tengo que rechazar.

Debes de pensar que estoy loca, joder.

Si no me vas a llamar ahora, no me vas a llamar nunca. Normal, por otro lado.

–          Seremos una gran familia- me susurro a mí misma y apago la colilla con el pie.

Mi madre siempre me dice que fume menos, que voy a morir de cáncer. Siempre la contesto lo de “al menos yo sé de lo que voy a morir, ¿y tú?”, y nunca sabe qué contestarme. La pobre mujer se cree que escondiéndome los cigarrillos va a conseguir algo.

Mi familia tampoco ayuda mucho a sentirme acompañada. Bueno, somos personas un poco frías. Nunca les voy a echar en cara que no me dieron amor, porque me lo dieron a su manera.

A lo mejor no es soledad lo que siento. A lo mejor es que no soy capaz de amar. Bah, menuda tontería. Vuelvo a mirar el móvil. No me vas a llamar, cabrón.

No quiero nada contigo, me aburre el sexo. Me aburre muchísimo. Pero necesito sentir algo en el estómago que me rellene un poco el agujero negro. Ese agujero negro que esta noche se va a hacer más grande.

Podrías ser mi familia.

Me voy a meter en el metro. No hay cobertura de datos, así que espero que no me intentes escribir ahora.

Todo esto me produce cierta apatía. No eres ni el primero ni el último que hace esto.

Bueno, realmente me podría considerar una chica afortunada. Hoy no me he metido en ningún lio. El cuento del zorro y las uvas verdes lo llaman.

¿Qué voy a hacer ahora? Voy a llegar a mi casa, me voy a duchar y voy a salir. Y voy a dejar el móvil en casa. Sí. Lo voy a hacer.

No me enfada demasiado que no lo hagas, en cierta manera, te vuelvo a decir, lo esperaba.

No tengo demasiados problemas para salir con la gente, cuando quiero soy una tía realmente divertida. Ya sabes, bailar, sonreír al resto, escribir en la red social que todo es genial y perfecto. Un par de fotos para la página web del sitio de moda y todos para casa. Bueno, cuando no hay alguna droga accidental en el baño. Normalmente en estos sitios no suelo buscar compañía masculina.

Odio el metro. Resulta asfixiante. Olores, roces no deseados con gente. Pelo sucio.

Por fin llego a casa. Dejo las llaves y saludo al perro, que me mira perezoso desde su cama. Mueve un poco la cola, pero en seguida baja la vista y agacha las orejas. Creo que le asusto.

Me quito el abrigo y la ropa. Me gusta pasearme desnuda por casa. Si está el vecino delante mejor. Que se joda. Que sufra un poco.

Me rio de mi ocurrencia. Menuda estupidez.

Me miro en el espejo desnuda y meto un poco de tripa. Y me estiro todo lo que puedo. No soy de esas chicas que se preocupa demasiado por su imagen.

Voy repasando que todas las partes de mi cuerpo estén bien. Por si ha salido algún bulto, granito o lo que sea.

El espejo me devuelve dos sombras negras y hundidas que son mis ojos. Me debería de maquillar un poco- digo en voz alta.

Ensayo peinados y pongo música de fondo. A veces me gusta divertirme sola, haciendo cosas de cuando somos pequeños.

Me voy a meter en la ducha. La pongo lo más caliente que puedo. Me encanta que duela, eso me distrae un poco del agujero.

Al empezar a enjabonarme, he tenido que ahogar un grito. Me estoy quedando sin piel. Cada vez que paso la esponja por mis brazos, mis piernas, mis caderas se desprende un poco. Como la piel de una serpiente.

Por fin me atrevo a tirar de una esquina desprendida. Provoca un cosquilleo y a la vez dolor por lo caliente que está el agua. Debajo de la piel no hay nada.

Por morbo y curiosidad, sigo tirando un poco más. Todo lo que aparece debajo es vacío de color negro. Tiras de piel poco a poco van atascando el desagüe.

Me paso las manos por la cabeza, el pelo también se está desprendiendo. No me atrevo a abrir la cortina y mirar al espejo.

Por fin lo hago.

No me asusto, me da por reírme. Con esa risa histérica que solo sale en las películas. Quizá me hubiese asustado un poco más si hubiese algo de sangre, o vísceras. Pero no hay nada. Tengo media cabeza sumida en la nada.

A través del espejo se pueden ver fragmentos de baldosas recortados por la figura picassiana que es ahora mi rostro. Ya no me va hacer falta maquillarme, ni peinarme.

Sigo tirando de mi piel, y llega un momento que me tengo que arrodillar porque he perdido los pies. No sé si quiero llegar a mis genitales.

Me arranco la piel de uno de los pechos. Me sonrío pensando que es como una especie de pirata. – ¡Me podría poner un parche!- grito emocionada.

El agua ha comenzado a rebosar y se está saliendo del plato de ducha. Yo lo observo con una extraña paz dentro de mí. Creo que soy el agujero.

El agujero que tengo dentro es mi familia. Porque todos somos una gran familia. Y tú ya no lo eres. 

Inercia

La inercia se podría definir como 

inercia. (Del lat. inertĭa).

1. f. Mec. Propiedad de los cuerpos de no modificar su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza.

2. f. Rutina, desidia.

Si nos atenemos a la primera acepción  podría definirse así la parte buena de todo lo que está pasando. 

Si nos atenemos a la segunda…podría ser quizás un rasgo de inmadurez. O de miedo. 

Seguramente sea miedo. 

No se, todos tenemos miedo. Es lo que mueve todo. Yo ahora estoy asustada. Me late el corazón rápido. Tengo el nudo en la garganta. 

Lo fácil realmente sería aplicarnos a la primera acepción. Dejemos que las cosas pasen. Comámonos el miedo y parezcamos grandes. 

Y sintamos miedo cuando lleguemos a casa. 

Todavía el amor.

– No se, es apático.

No, el no es así  Tiene fuerza. Emite algo. Todavía no se lo que es. ¿ Conocéis el concepto de  exploración muerta ? él posiblemente sea mucho mejor.

Da calor.

El sabe algo que el resto no sabe.

Puede ser como una sensación uterina ¿No? El podría engendrar. Puede ser la madre de todas.

El padre fundador de la escuela.

El maestro. La guerra contra el ateísmo. 

* Este texto lo escribí completamente borracha. Te lo dedico a ti. 

La entrevista (Estafa piramidal)

–          Recibí una llamada telefónica la semana pasada.

–          Uhm…así que usted es…(rebusca en una lista) Vera Montessori…

–          Sí, me pidieron que viniese vestida de oficina- la digo sabiendo que está mirando mi foto del curriculum- No salgo muy favorecida no… (risita nerviosa).

Me meten en una sala de espera. El cuartucho está vacío. Huele todavía a pintura fresca y no han instalado casi fluorescentes. Da una impresión desoladora. Bueno, como mi futuro laboral, pienso mientras mordisqueo el boli.

–          ¿Señorita Mentessori?

–          Montessori.

–          Sí, tu, pasa.

Me atiende un chico de mi edad. Bueno, a lo mejor algo más joven. Me hace sonreír para mis adentros el maridaje entre la cara acnéica y un traje de vestir barato. Muy barato.

El chavalito me pasa un cuestionario. Que quien soy. Que quien me ha puesto en contacto con esa empresa. Que si soy licenciada. Que si tengo antecedentes penales.

Me tengo que morder la lengua para no poner barbaridades. Bastante me he inventado el curriculum como para jugármela. Todavía no se ni a que venido. Nadie me ha dicho nada de qué tipo de puesto es.

Me saca otra vez fuera. Observo a mis compañeras y compañeros. Todos tienen más o menos el mismo aspecto que yo. Recién licenciados. Con caras tristes. Me los llevaría todos a casa.

Tras quince minutos largos de espera, nos meten en otra sala con un proyector de los baratos. Y sillas de chiringuito. Nos empiezan a contar el “poderío” que tiene la empresa. Que seremos comerciales. A puerta fría. Piramidal.

Mi cerebro comienza a hervir. Y el de mis compañeros. Notamos una especie de fiebre que nos hace sudar.

Una de mis compañeras, delgada y pelirroja, comienza a dar espasmos. Espumarajos por la boca. Pero no del color de la saliva, sino de un color parecido a la sangre seca. Oh joder, huele a sangre seca.

A los pocos minutos tres compañeros más comienzan a sentir los síntomas.

Y yo también. Y nos lanzamos contra el “ponente”. El delicioso ponente. Entre nuestras risas histéricas podemos escuchar cómo se desgarra su piel y accedemos a sus entrañas. ¿Sabes? Como cuando comes pollo.

El muy desgraciado grita de pánico, llamando al resto de estafadores. Que vengan, que los devoraremos.

Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado.Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado. Quería hacernos un contrato mercantil. Y nosotros les hicimos carne de mercado.  

Marruecos: Guía para la supervivencia (Física y Mental) : Segunda parte

Día 6.

Después de dormir una noche en una chabola de caño roto (y ver el amanecer, que personalmente no lo recomiendo porque tienes que subir cuatrocientos mil metros de duna) te van a montar en el camello. Si tu espalda no ha petado, ¡AHORA ES EL MOMENTO, AMIGO!

Después de darnos una ducha y quitarnos varios kilos de arena acumulados en el ojete (ATENCION PARA CAGONES: ESTA POSIBLEMENTE SEA LA PARTE MAS DESAGRADABLE DEL VIAJE), nos dirigimos a ver unas gargantas.

Por el camino, atravesando pueblos, os podéis encontrar el pueblo de los fantasmitas del pacman (mujeres con burka al completo). Si sois un poco fetichistas os dará morbo.

Nosotros nos encontramos también con una manada de niños en bici.

Las gargantas son bonitas, sí, pero tendréis que soportar a señores y señoras que os van a intentar vender hasta vuestro propio vehículo.

Os recomiendo también que no compréis mortadela marca “Me gusta”, es lo más parecido a comerse un ladrillo de adobe. Y el color también se asemeja.

La noche la podéis pasar en Ouazarzate. Es la ciudad del cine de Marruecos. No solo se grabó Troya, ¡sino un huevo de películas de esas que os ponen en semana santa de la biblia!

Día 7.

Este también es un día fuertote. Para llegar a Marrakech, tendéis que pasar por el puerto Tichka, donde hay un grupo de tenderos tarados (su especialidad es acosar al turista y venderle fósiles) donde os harán la vida un poco más incómoda con su chantaje emocional.

Una vez llegados a Marrakech, os recomiendo comprar TODO. ABSOLUTAMENTE TODO. Hay en una de las callejuelas la calle de las imitaciones de zapatillas. Tened cuidado y no os equivoquéis, porque en un par de paralelas está la calle de los animales, y el olor es…bueno, el olor es como el resto de Marruecos. Pero vais a ver animales decapitados.

A la noche, tras una tarde de locura, de señores que te ponen monos y cobras en la chepa, cuando no miras, os podéis ir a cenar a los puestos que echan humo sin parar.

Nosotros siempre elegimos uno de unos mellizos que son clavados a Carl Winslow. En todos se come igual, pero mola que un policía te ponga brochetas.

Este año presenciamos una bronca y una especie de esgrima con los alambres de las brochetas. Emoción y peligro de muerte al mismo tiempo.

De madrugada os recomendamos el prostíbulo Paraíso. Buena compañía y copas bereberes.

Día 8.

De Marrakech os tendréis que hacer bastantes kilómetros de autopista (ya está llegando el final del viaje) para llegar hasta Larache.

Poco puedo comentar de este bello pueblo lleno de marroquíes canis, porque me puse más mala que un perro. A primer golpe de vista es feo. Y a segundo también. Pero en los hoteles tienen RTVE y os podéis poner una peli.

La película elegida fue el Perro del Hortelano de Pilar Miró con Ibuprofeno.

Día 9.

De vuelta a Madrid.  Siguiendo la misma dinámica de coger un ferry apestoso, que te pasen perros policía con las maletas y comer en Casa Pepe (donde podéis ver lo más selecto del garrulismo fascista).

Espero que os haya gustado. 

Marruecos: Guía para la supervivencia (física y mental) PRIMERA PARTE

Seguramente os pica la curiosidad por visitar un país exótico y en vías de desarrollo, y que carajo, comprar baratijas a buen precio. Pues marruecos es vuestro sitio, amiguitos.

Como experta en la materia marroquil, os contaré la ruta que he hecho este año y os daré sabios consejos. También hay un espacio destinado a los cagones (conocido como síndrome del viajero)

Día 1

El traslado principal se produce entre Madrid y Córdoba. ¿Por qué Córdoba? Porque hay salmorejo. Y punto.

Este año, al salir tarde de salvar el mundo, he tenido que tomar un AVE, en vez de irme en moto atravesando esa comunidad tan bonita (a la par que secarral insulso) llamada Cajjjtilla La Mancha.

Así pues, compartir un AVE con Sevillanos (muchos considerarán a esta entrañable población como nuestros hermanos tontos), se asemeja un poco al entorno cultural que nos vamos a encontrar en territorio Marroquí.

Así pues, tras el viaje podéis degustar salmorejo hasta que el estomago os reviente y cagueis fuego en el Bar Moriles. (AVISO PARA CAGONES: este puede ser el inicio de la guerra contra vuestros intestinos)

Día 2

Si os levantáis temprano, podéis observar que si que hay andaluces que madrugan. Desde Córdoba podéis ir (en este caso con moto, porque soy una tía guay) hasta Algeciras a montaros en el transporte mas apestoso e inmundo que pueda existir (después del metro de Madrid) EL FERRY. En esa patera con olor a pies tenéis que sellar el pasaporte para que os dejen entrar (luego no me digáis que no os avisé). Sellar el pasaporte implica colas y ciudadanos Beduinos que se os van a intentar colar.

Después de que el ferry salga con varias horas de retraso, por fin desembarcareis en la ciudad preferida por todos los musulmanes en chándal, Tánger. No os esperéis que sea bonito, porque Tánger es feo de pelotas.

De ahí os podéis desplazar a Chauen, la meca del canuto. Si vais en coche os recomiendo HITfm, que te ponen los grandes éxitos del norte de África (también conocido como música de coches de choque).

Una vez llegados a Chaouen, os percatareis que estos señores conducen como gente que está en un país en vías de desarrollo. Claro, ¿qué cojones os esperabais?

Os recomiendo para cenar busquéis un bar que está al lado de la medina. Es guarro, no te dan servilletas y sospechamos que hasta las brochetas tienen Anisakis, pero qué carajo, es barato y te pones tibio. (AVISO PARA CAGONES: si todavía no os vais por la patilla, este es vuestro momento. Podéis pedir una ensalada lavada con AGUA DEL GRIFO)

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Si el tiempo no acompaña (en nuestro caso nos diluvió) os podeis percatar que en esta bella ciudad, la gente tiene la costumbre de mirar al vacío, llueva o no. Sospechamos que es debido a la materia prima que a la postre es la fuente de su economía. Los porros.

Día 3.

Tras pasar la noche en el hotel pulgoso (no os voy a dar la dirección, porque todos los hoteles de esa zona son exactamente igual de pulgosos) Podéis dedicar un par de horas a subiros a tomar por el culo para ver las casas azules. Y perderos. Y encontraros con un abuelete que te toca el “Cheli yo te quiero” con una flauta bereber. No hace falta que le deis de comer.

Al medio día nosotros salimos para Fez. Meterse con un vehículo por el centro de Fez no es muy recomendable, al menos que queráis vivir la experiencia GRAND FEZ AUTO (mirad que graciosa que soy). Se os acoplará un moruno que os hará de guía.

Dentro de la medina, os llevarán a los “teatrillos” el combo de curtidores, tejedores, moledores de argán y no se cuantas pamplinas mas. En realidad no trabajan ahí los actores, hacen que curran un poquito y cuando miras para un lado ya están a otras cosas.

 

También podréis observar que los niños autóctonos os van a pedir dinero. No les deis, bueno, si os sale un niño SUPER BIZCO sí, pero porque es gracioso.

Día 4.

(AVISO PARA CAGONES: a estas alturas ya comenzarán las diarreas. Recomendamos que llevéis ropa interior de recambio.)

A estas alturas os comenzareis a familiarizar con el entorno sucio y maloliente. Pero hay que tratar un tema bastante delicado. EL VATER. En general no son curiosos, y recomendamos que os llevéis vuestro propio soplete y papel higiénico.

De Fez podéis hacer una paradita en Iffrane (es una antigua colonia francesa que fue súper pijuna, ahora es una puta mierda). Un poco más arriba hay un bosque de cedros donde podéis dar tabaco y cerveza a los monos (y ahora se me van a echar encima los de protección animal). Si sois un poco hábiles, es posible que no os pase nada. Si no, os tirarán palos y piedras en venganza. En este viaje también les intentamos dar un Diazepam, a ver qué pasaba, pero tuvimos que cortarnos.

Llegaréis a comer a Zaida. Tenéis bastante cerca un valle de piedras (Ziz) donde no hay absolutamente nada. Bueno, sí, señores que te venden piedras (y no, no estoy hablando de cuarzos ni fósiles, PIEDRAS)

Si os fijáis bien por el camino, veréis burros manteniendo relaciones sexuales.

Al anochecer posiblemente llegareis a Errachidia, una de las pocas ciudades no turísticas de Moroco. Es una ciudad sucia y fea, como el resto. Pero al menos no hay alemanes quemados.

Si cogéis un hotel, evitad elegir el nuestro. El dueño te abre la puerta cuando te estás duchando y el váter está tan sucio que te llama hija de puta cuando te das la vuelta.

Día 5.

Es el día especial. A estas alturas ya estaréis hartos del tráfico, de los vende piedras, de los niños que te piden bolis y de lo pesaos que son. PERO HOY LLEGAREIS AL DESIERTO.

Una vez llegados al desierto, tenéis la opción de paseíto en camello y dormir en las jaimas. NO LO HAGAIS.

El paseo en camello es un infierno en el que Hitler te besa con lengua. Y las jaimas son chabolas. Si queréis recrear la vida gitana adelante. Si no, quedaros en la piscina y luego no os vengáis quejando.

Si vais a la nuestra, los bereberes os deleitaran con chistes que no se entienden mientras queréis tener un momento de amistad/intimidad/haceros una paja en la arena.

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(Continuará…)